El nuevo, el viejo y el millennial PRI igual de caótico. Por: Octavio Corvera

, Opinión

Ala diestra.

El nuevo, el viejo y el millennial PRI igual de caótico.

Por: Octavio Corvera.

 

Bastaron dos años para que el mito del Nuevo PRI se esfumara, los logros de encarcelar a la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo por desvío de recursos y recapturar al narcotraficante más importante de la historia, el “Chapo”Guzmán quedaron opacados.

El recuento de los fracasos de esta nueva administración federal la sabemos y la recordamos todos los días. Quejas sobre quejas por su actuar que, desde mi punto de vista, es muy irresponsable. Pareciera que se decide la acción más absurda y no habrá otra pero enseguida viene la siguiente.

Hoy, en la primera semana de enero, el país respira caos e incertidumbre; el gobierno federal generó las condiciones necesarias para que existan pretextos a saqueos, a cierre de carreteras y robo de combustible, para que la “izquierda” Lopezobradorista aproveche y de forma mezquina haga proselitismo político y para que las inversiones extranjeras lo piensen dos veces antes de venir a México. Sí, así es: el PRI es el mismo, sea viejo, nuevo, millennial o generación Z.

La ciudadanía (o un grupo bélico de ella) se enardeció luego de que el Presidente en su mensaje de inicio de año, justificara el alza a los precios de los combustibles “compartiendo” y “entendiendo” el malestar de los mexicanos que, sin decir más, se limitó a decir que era una medida dolorosa pero necesaria. Por si fuera poco atizó el enojo de muchos sectores regresando a su gabinete al ex Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, como nuevo canciller en sustitución de Claudia Ruíz Massieu. Y es que Videgaray no solo no hizo el mejor papel como titular de hacienda (el nudo fiscal que tiene atorado a México se hizo más enredado durante su gestión) sino que fue el responsable de invitar al entonces candidato Trump a México para “dialogar” sobre sus comentarios racistas y promesas de campaña en las cuales el denominador común es revisar los tratos comerciales con nuestro país. Para colmo, su primera declaración como canciller fue: “No soy diplomático, vengo a aprender”.

Parece que al presidente Peña no le informan sobre la inconformidad que existe respecto sus decisiones o su gestión, no escucha los gritos de “¡Fuera Peña!” ni hace caso a la crítica internacional, simplemente asume lo que tiene que asumir, un descontento social sin darse cuenta que esto genera violencia y caos entre la ciudadanía.

Es comprensible que ante la baja de los precios del petróleo, México necesita de fuentes de ingresos que permitan mantener el ritmo del país, pero hacerlo de la manera más sencilla que es aumentando impuestos es lo erróneo y lo que enfada. Sobre todo porque no hay compromisos para disminuir el gasto corriente del sector público, ni los bonos, ni los privilegios del que goza el gran aparato burocrático del Gobierno y sus respectivas instituciones.

Los ciudadanos no tendríamos inconveniente alguno en pagar impuestos si estos fueran aplicados adecuadamente en medicinas para los hospitales o escuelas públicas en buen estado o carreteras seguras pero, al no ser así por supuesto que causa molestia el nuevo aumento al IESPS, impuesto que grava a los energéticos.

Pensemos que se regulara al comercio informal, hablamos de millones de personas que trabajando en la informalidad de repente pagaran impuestos, tendríamos otra fuente importante de ingresos, sin embargo, esta idea simplemente no permea en los responsables de Hacienda y entonces se opta por el camino sencillo, subir impuestos.

Lo peor es que faltan aún dos años y no se ven medidas serias para tranquilizar al país, ni siquiera para poner un poco de orden. Esperemos esto no tenga consecuencias mayores porque levantar el país después de esta administración será muy difícil y 6 años no serán suficientes.

Insisto, el PRI sea cual sea su disfraz, es el mismo régimen caótico.

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